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Sin Punto y Coma / El Costo de la Mendicidad

Vladimir Galeana Solórzano / Agencia Cuestión de POLÉMICA

Solamente un estúpido hace algo así. Y no cualquier estúpido estaría dispuesto a realizar lo que por mandato presidencial se hizo con el nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. Pero claro está que nadie en su sano juicio se atrevería a decirle que no porque hay que cuidar los encargos porque como siempre ha sido, al paso del tiempo permiten enriquecer a cualquiera, por muy estúpido o nimio que sea. Y más cuando de mostrar lealtad se trata, aunque se cometan locuras, estupideces, y se avalen proyectos inviables que costaran mucho más de lo que se había presupuestado.

Y no se trata de resaltar el capricho o la estupidez de quien por ahora conduce los destinos de este país y que estarán costando bastante caros al cabo del tiempo. Pero tampoco denigrar la fidelidad que le tienen aquellos que detentan los principales cargos en el gabinete presidencial, porque hasta ahora lo único que han mostrado y demostrado es una enfermiza lealtad que se sobrepone al estupor ciudadano, al ridículo de la historia, y a la vindicta pública que se hará visible cuando se termine esta farsa de gobierno que encabeza Andres Manuel López Obrador.

Desconozco si en el gabinete presidencial, o en el ampliado, haya alguien que le diga al señor Lopez que se está equivocando, y que esas faraónicas obras que salen de su pestilente cerebro con la cantaleta de qué hay que ahorrar, se convertirán en el corto plazo en la mejor muestra de su estupidez que lo ha caracterizado durante toda su vida política. No sé si alguien recuerda aquel lamentable episodio en el que provocó el incendio de diversos pozos petroleros, cuyo costo lo tuvieron que pagar los mexicanos, porque ese dinero que se perdió es propiedad de todos los habitantes de este país. Y lo peor de todo es que nadie se atrevió a incriminarlo.

Si usted se orina en la calle, tenga la seguridad de que lo llevaran ante el Juez de Primera Instancia y será multado y quizá hasta conozca las galeras de los centros temporales de reclusión. Pues el señor Andres Manuel López Obrador quemó pozos petroleros, y nadie lo incriminó, pero también tomó por asalto durante cuatro meses el Paseo de la Reforma en otra de sus protestas, y nadie le dijo nada. Hoy por desgracia el resultado de todo eso lo estamos pagando los mexicanos, todos juntos y de todas las latitudes.

Para decirlo más claro, bien señala el refrán popular: “los pueblos tienen los gobiernos que merecen”. Y por lo que a mí respecta, siempre he criticado al señor Lopez Obrador, y lo seguiré haciendo cuantas veces tenga la oportunidad de seguir publicando mis opiniones. Nunca fue santo de mi devoción a pesar de muchas invitaciones que recibí para unirme a su causa. Y la razón fue una sola, no me gustan los hombres o mujeres que mienten, o piensan que son poseedores de la verdad absoluta, y Lopez Obrador es uno de ellos. Por desgracia fue elegido por la mayor parte de los mexicanos, y por desgracia la democracia funciona así.

Hay quienes señalan que el veredicto de los pueblos es inequívoco, pero yo seguiré pensando que la mayor parte de los mexicanos, de todas las latitudes de este aún maravilloso país, cometieron una grave equivocación. El desastre ha sido la identidad de este gobierno. Tuvimos muchos mandatarios que cometieron yerros, pero pocos lo hicieron de una forma tan deleznable como lo está realizando el inquilino de Palacio Nacional. ¿Acaso estamos frente a un hombre tan déspota y sanguinario como Victoriano Huerta? Porque aquel mandaba matar a quienes se oponían a sus decisiones, y este condenó a la muerte a miles de niños con Cáncer. Usted tiene la palabra amigo lector o lectora. Al tiempo.

Vladimir.galeana@gmail.com

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