spot_img
InicioEdoMéx#HISTORIAS: Recoger hermanos, no es un camino fácil

#HISTORIAS: Recoger hermanos, no es un camino fácil

● El albergue de Pilares para migrantes donde hace falta el pan, pero no humanismo

Agencia Cuestión de POLÉMICA

Por temprano que sea, o que la noche esté avanzada, Armando atiende la puerta. No pregunta de dónde vienes, solo escucha y ofrece un pedazo de suelo, y un pedazo de sueño también.

—Pásale hermano, me dice para invitarme a traspasar unas cortinas de cobijas que llegan al comedor del albergue. Me lo dice como a otro migrante.

Una cobija, una cama y lo que haya de alimento. Todos están en el camino, dice.

Y allí en el albergue hace falta lo básico, un bolillo y camas. Pero no hace falta la hermandad, esa que va acompañada de humanismo, de ver al otro como uno, de sentir lo que siente. Eso no le hace falta a don Armando Vilchis.

“En fin de año llegan más, pero aquí los aceptamos”, dice el encargado de este albergue al que llamó hace 10 años “Hermanos en el Camino”.

El refugio apareció cuando la ruta de migrantes que usaban el tren carguero de “La Bestia”, se desviaron hacia zonas más seguras del centro y norte del país. Buscaron rutas que estuvieran lejos de los asaltos y aberraciones de las pandillas, de microcélulas de los Maras y del narco, que los levanta y desaparece.

La ruta segura fue hacia el Valle de Toluca. La capital del estado de México donde los migrantes centroamericanos hallaron refugio en los semáforos, las paradas de camión y en la voluntad de sus habitantes que les extendieron alimento y refugio. Para luego seguir su paso a su “sueño de paraíso”, como configuran a pasar la frontera a Estados Unidos.

Es allí, en ese tiempo y en esa travesía que Armando y su albergue “Hermanos en el Camino”, aparecieron para cuidar a los migrantes.

—Van a llegar más la próxima semana, me dice.

—¿Y aún hay espacio y comida? —Espacio siempre encontramos, nos preocupa que no llegan las despensas de ayuda, repone el altruista.

Hace unos días, solo había dos menores de edad, pero el año pasado había más de 30, cuando las familias haitianas comenzaron su travesía para salir de su país que sufrió un golpe de Estado.

—Oye, cuándo abrieron la frontera, le pregunta don Armando a uno de los hondureños que retornó al albergue.

—Es que abrieron y todos se fueron pero ya comenzaron a regresar, explica.

El taller mecánico que ahora es albergue tiene capacidad de unas 80 personas. Y el espacio se distribuye en lo que son los dormitorios con literas, una cocina, una regadera y sanitario.

Un pasillo que sirve de sala con un par de sillones acabados en el que también debe caber la cocina y el comedor.

El espacio es casi imposible de imaginar con 80 personas, pero le caben. Igual que al corazón de don Armando, al que le caben todas esas historias migrantes que lo visitan durante el año y el siguiente y el que sigue.

—¿Y con quiénes gestionan ayuda?

—Nadie nos ayuda de voluntad, hay que ir a gestionar, en Derechos Humanos no nos están ayudando nada, reprocha.

El albergue no es motor de votos, ni producto de impuestos. Por eso es que hace falta vacunas para la temporada de frío, hacen falta despensas para los bebés que llegan en malas condiciones, hace falta enlace para tramitar permisos. Hace falta empatía para sanar el alma.

—Te agradezco que vengas y mires lo que pasa, me dice don Armando sentando de frente a la grabadora y la cámara sobre una silla que tiene detrás el pasillo.

Sobre los sillones tres hombres y una mujer migrantes escuchan y echan la mirada a la nada y se les mira desolados, inesperanazados, porque el sueño de la frontera no llega. Pero al menos, este paraíso aquí en el albergue, es mejor que el que dejaron atrás.

Foto: Agencia Cuestión de Polémica

RELATED ARTICLES
- Advertisment -spot_img
- Advertisment -spot_img

Lo mas leido